
La INNOVACIÓN no surge de la nada
¿Alguna vez te has preguntado de donde proviene la INNOVACIÓN?
Esta es una pregunta que vale la pena explorar para comprender mejor cómo es que innovamos, ya que es uno de los motores clave para el avance tanto de individuos como de organizaciones. Todos sabemos que la innovación proviene de las personas, pero pocos sabemos que, para que haya innovación, se requiere de una actitud positiva hacia innovar y de la dinámica virtuosa de dos de nuestros procesos mentales: la percepción y la creación.

La imagen anterior es una representación simple de mi visión mental al respecto. A continuación, voy a compartir cómo entiendo que ocurre la dinámica de interacción entre estos elementos.
Proceso de Percepción: Observar + Interpretar
Observar es una habilidad innata que proviene de nuestro instinto de supervivencia. Todos nacemos con ella y es algo que hacemos de forma espontánea y automática, haciendo uso principalmente de nuestros sentidos: vista, oído, tacto, gusto y olfato. Lo que observamos son siempre fenómenos a nuestro alrededor. Por ejemplo, al conducir, si otro vehículo nos adelanta, eso es un fenómeno observable del cual podemos dar cuenta y que puede ser comprobado por nosotros y por los demás.
Al observar, se nos activa también, de manera espontánea y automática, nuestro proceso mental de interpretación, el cual realizamos en el lenguaje con el fin de explicar el fenómeno observado. Siguiendo con el ejemplo de ser adelantado en la vía, podríamos interpretar que “el otro vehículo va muy rápido”. Pero esa interpretación puede variar, pues en otro momento o circunstancias, podríamos interpretar que “yo estoy conduciendo lento”. Un fenómeno, varias interpretaciones.
En consecuencia, lo que percibimos son siempre observaciones interpretadas, que nos disparan emociones que hacen que nuestra atención se enfoque en algo determinado. En algún momento de este ciclo de observar<->interpretar, nuestra emocionalidad hace que surja una actitud de interés, la cual mantiene activo el ciclo hasta que, en algún momento, despierta nuestra curiosidad. Si no hay interés, la observación inicial es desechada o postergada, interrumpiendo el proceso en curso.
Proceso de creación: Curiosidad + Creatividad
La curiosidad es otro instinto que se nos manifiesta como un deseo natural por aprender y entender el mundo que nos rodea. Ella nos impulsa a buscar lo nuevo, lo diferente, a desafiar el status quo y explorar lo desconocido, a indagar con mayor profundidad, buscando respuesta a preguntas tales como ¿Por qué las cosas son como son? ¿Cómo podrían mejorarse? Curiosear es algo que nos puede llevar a extensas investigaciones y a la experimentación. Este ciclo sólo se detiene cuando el interés desaparece o al encontrar las respuestas que buscábamos.
Ejemplo: Steve Jobs fue esencialmente un autodidacta, pero su curiosidad natural lo llevó a imaginar cómo las computadoras personales podrían transformarse en herramientas intuitivas para cualquier persona, lo que luego de un tiempo dio origen a la revolución de Apple y, posteriormente, a la revolución del iPhone. Empresas como Tesla y SpaceX han revolucionado industrias enteras porque están dispuestas a cuestionar lo que se creía inmutable, desde la energía sostenible hasta la exploración espacial.
La creatividad, por su parte, es una combinación de habilidades, actitudes y procesos mentales, que ocurre en el lenguaje, y que surge cuando, como resultado de nuestro curiosear, tomamos la información recabada, la combinamos de maneras nuevas y originales para generar nuevas ideas, conexiones entre conceptos aparentemente no relacionados y liberamos nuestra imaginación. Es la acción recursiva de este ciclo de curiosidad<->creatividad la que nos conduce a posibles soluciones, hipótesis, enfoques novedosos y productos únicos. Sin creatividad suficiente no hay innovación, sólo mejoras. El nivel de creatividad aplicado determina el nivel de innovación posible de alcanzar.
Algo importante de ser considerado, es que el resultado de la creatividad individual puede ser aumentado significativamente con la colaboración que permite la co-creación. Por esta razón, en el ámbito organizacional, es importante que la creatividad se siembre en el hacer colectivo de sus integrantes, es decir, en su cultura organizacional. Una cultura de innovación es un ambiente de confianza en donde se valora el pensamiento creativo, el trabajo colaborativo, aprender de los errores y se anima a los integrantes a proponer ideas y experimentar.
Ejemplo: el personal de Google puede disponer de hasta el 20% de su tiempo en proyectos que les apasionen, fuera de sus responsabilidades habituales. Durante este tiempo fueron concebidos algunos de sus célebres productos, tales como Gmail, Google Maps, AdSense, Google News y Google Talk.
Las iniciativas: generadoras de creaciones innovadoras
El pensamiento creativo nos lleva a concebir iniciativas viables, es decir, ideas y conceptos debidamente organizados para producir unos entregables específicos. Por lo general, cada iniciativa va acompañada por una disposición positiva para construir lo que propone, requisito indispensable para que haya innovación.
Toda iniciativa siempre genera creaciones innovadoras, tales como avances significativos en el pensamiento humano o a la creación de productos, servicios, procesos o modelos de negocio innovadores capaces de generar valor. Lo creado puede ser algo inexistente, como, por ejemplo, el servicio Uber al nacer; o, una mejora significativa para algo existente como, por ejemplo, el check-in en línea de las líneas aéreas. Toda iniciativa y sus entregables, pueden ser evaluadas en base a al grado de novedad, impacto y viabilidad de sus creaciones innovadoras, pudiendo también ser clasificada según el tipo de innovación que aporta[1].
Es importante recordar que la real innovación siempre crea algo disruptivo, es decir, establece un antes y un después.
Conclusiones
En resumen, toda creación es el resultado de la interacción continua entre dos de nuestros procesos mentales clave: la percepción y la creación. La percepción comienza con nuestra observación del mundo que nos rodea. Al interpretar lo que percibimos, surge el interés que despierta en nosotros la curiosidad que nos impulsa a explorar el porqué de las cosas, cómo mejorarlas, aprovechar oportunidades o resolver disfuncionalidades. Es en esa búsqueda donde aparece nuestra imaginación y creatividad para generar nuevas ideas, soluciones o productos, pudiendo o no, generar una “chispa” de innovación significativa. Como resultado de esta dinámica, emergen iniciativas capaces de convertirse en creaciones innovadoras.
Como se puede apreciar, la innovación no es un atributo inherente a todas nuestras creaciones, sino una cualidad que le asignamos a algunas de ellas, dependiendo del contexto y de ciertos estándares compartidos[2].
Por otro lado, los elementos esenciales para que haya innovación son las habilidades cognitivas y creativas. Las habilidades técnicas, en cambio, entran en juego conforme lo demanden nuestros procesos mentales. Por esta razón, las personas innovadoras, en particular, se distinguen por una combinación única de atributos que les permite enfrentar los desafíos del entorno actual. Entre estos atributos destacan:
- Poseen una alta fortaleza emocional que les permite mantener una disposición positiva en el cumplimiento de sus compromisos, desarrollan un poder relacional que les facilita construir conexiones valiosas y exhiben una resiliencia que les permiten una adaptación continua al mundo que habitan.
- Han cultivado una observación aguda, acompañada de una mente abierta, curiosa y creativa, que les permite pensar más allá de los límites convencionales, pudiendo así idear cambios disruptivos en su quehacer cotidiano.
- Son individuos con acceso a conocimientos, contenidos y redes que estimulan su curiosidad y creatividad, permitiéndoles generar una gran variedad de ideas y conectar conceptos aparentemente no relacionados. Se sienten cómodos ante la volatilidad y ambigüedad, manejan y resuelven con destreza problemas complejos y muestran gran interés por explorar nuevos y diversos temas. Además, son capaces de cambiar de perspectiva y experimentar sin temor al riesgo, actuando siempre con prudencia. Su perseverancia es fundamental, manteniéndose firmes en su búsqueda de soluciones y en la exploración de nuevos horizontes.
Ya sea como individuo u organización, ahora cuentas con este modelo que te permitirá identificar tus fortalezas y debilidades respecto a los aspectos clave que te conducen a la innovación.
¿Cuál es tu mayor obstáculo para innovar?
¡Descúbrelo y supéralo! Si no puedes… ¡Pide ayuda!
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[1] Ver artículo en mi blog acerca de los “Tipos de innovación disponibles”: https://n9.cl/kk5n9
[2] Ejemplos: Modelo de las “4 Ps de la Innovación”, “Manual de Oslo”, OCDE,1992. “Framework de Innovación de Doblin”, Doblin-Deloitte,1998.